INTRODUCCIÓN
El presente documento se es resultado de la reflexión generada de las lecturas ) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, de Edgar Morín(1999) y Formación de investigadores educativos de Rojas Soriano (1992). Ambos documentos hacen énfasis en la necesidad que investigadores y evaluadores realicen su práctica profesional apegados a un código de ética para evitar afectar a terceras persona.
En el primer subtítulo se expone un marco referencial sobre la ética en la educación, específicamente los referentes éticos sobre la formación profesional, en el segundo se presenta un análisis de algunos ejemplos de evaluaciones donde se distorsionan los verdaderos fines de la indagación y las repercusiones de la falta de ética y, en el tercero, se exponen las conclusiones de esta reflexión.
Los ejemplos que se citan no presentan una postura ética de alguien que profesionalmente debe mostrar madurez e imparcialidad al emitir juicios y fueron un detonante para reflexionar sobre el impacto negativo que pueden tener nuestras percepciones sobre otros grupos, sobre todo cuando se expresan a través de conductas deshonestas y carentes de comprensión.
La ética en la formación de investigadores.
En la declaración de la UNESCO una de las misiones de la educación superior es contribuir a proteger y consolidar los valores de la sociedad por tanto las instituciones de educación superior, los docentes y estudiantes deberán utilizar su capacidad intelectual y prestigio moral para defender y difundir activamente valores universalmente aceptados, y en particular la paz, la justicia, la libertad, la igualdad y la solidaridad, tal y como han quedado consagrados en la Constitución de la UNESCO, por ello se hace necesario reformular los planes de estudio y utilizar métodos nuevos y adecuados que permitan superar el mero dominio cognitivo de las disciplinas y facilitar el acceso a nuevos planteamientos pedagógicos y didácticos. UNESCO (1998)
Arana y Batista consideran que si el objetivo del proceso de enseñanza-aprendizaje en la educación superior, es incidir cada vez más en la calidad de las acciones de los futuros profesionales, es decir, en la calidad de sus modos de actuación, entonces se debe contemplar a los valores para el éxito y la competencia social y profesional.
Un trabajo producto de una investigación realizada por García y Martínez (2006), analiza planes de estudio de carreras en educación en 21 países de Iberoamérica buscando la presencia de asignaturas relacionadas con la ética. Los autores encuentran que el 67% de los currículos revisados incluyen al menos una asignatura que atiende a la ética profesional. Una exploración similar, esta con Odontólogos (Álvarez, Sánchez, Orozco y Moreno, 2006), se llevó a cabo en sesenta y tres escuelas país, la gran mayoría de los planes revisados cuentan con asignaturas cuyos contenidos aluden a valores éticos, morales y humanos. Benítez, A. (2009).
Para Sarabia (1994) la formación en actitudes tiene tres componentes: Uno cognitivo, que se relaciona con conocimientos y creencias; uno afectivo, que se manifiesta en sentimientos y preferencias, y otro conductual, en el ámbito de las acciones manifiestas, mientras que Arana y Batista argumentan que el modelo de formación del profesional debe ser sistémico y pluridimensional, su propuesta curricular considera cinco dimensiones: intelectual, técnica, ética, estética y político-ideológica y en cada una de ellas se forman valores estrechamente vinculados unos con otros: saber, eficacia, dignidad, sensibilidad y patriotismo respectivamente.
La dimensión intelectual supone que a través de los conocimientos se induce a una actitud cuestionadora y a la búsqueda infatigable del saber; así mismo en un sistema de valores, la dimensión técnica significa la intervención eficaz y eficiente en la producción pero con un nuevo significado, eficacia con creatividad, responsabilidad y modestia entre otros. La dimensión ética destaca la dignidad y el respeto a la profesión como valor supremo, que patentiza la comprensión y compromiso para mejorar la realidad en que se vive. La dimensión estética propicia al gusto, la sensibilidad y la satisfacción profesional con la obra a realizar. Mientras que el valor de patriotismo e identidad nacional son valores que se forman en la dimensión político-ideológica, es el modo de comprender su deber y responsabilidad ante la sociedad.
Lo anterior cobra importancia porque como Rojas(1992) expone, “la falta de una verdadera formación como científicos conduce a muchos individuos a apropiarse de ideas, información o aportaciones de diversos autores sin citar a éstos ni mencionar el nombre del título del libro o artículo correspondiente” sea por desconocimiento, deliberadamente o por negligencia, su texto deja claramente evidente la contrariedad o el desagrado que estas situaciones pueden generar a los autores originales y aboga porque los investigadores o quienes aspiran a serlo, “reconozcan la importancia de mantener la honestidad intelectual en el trabajo científico”. (Rojas, 1992)
Por su parte Morín (1999), define que la ética de la comprensión “es un arte de vivir que nos pide, en primer lugar, comprender de manera desinteresada(…) pide argumentar y refutar en vez de excomulgary expone que si sabemos comprender antes de condenar, estaremos en la vía de la humanización de las relaciones humanas.”
Un caso de evaluación con una visión sesgada.
En la obra Evaluación, ética y poder (House, 1994) se presentan algunos casos como Follow Trough, un programa que tenía como objetivo el proporcionar servicios educativos a los alumnos menos favorecidos, en este programa se realizó una evaluación situada en las relaciones de influencia y poder, se integraron nuevos “colaboradores” con modelos distintos a los de las escuelas públicas para darle respaldo político, terminó elaborando informes sesgados. Esta estrategia tuvo tal éxito que su presupuesto anual ascendió a los sesenta millones de dólares, hasta que en octubre de 1968, el congreso anual estalló en protestas y acusaban a los evaluadores de tener una visión sesgada y del programa y de ser insensibles a los intereses de la comunidad.
Antes situaciones como esta House (1994) niega que la recogida de datos en cantidades .grandes y costosas, elimine los sesgos, para él la validez de una evaluación depende de que sea veraz, creíble y correcta y propone cuatro valores como fundamento de la moral en la evaluación: igualdad moral, autonomía moral, imparcialidad y reciprocidad.
La igualdad moral consiste en tratar a todos los involucrados por igual, la autonomía moral supone que nadie debe imponer su voluntad a los demás mediante la fuerza, la cohersión o algún otro medio; la imparcialidad refiere que ningún procedimiento de decisión debe favorecer a nadie en especial, y por último, la reciprocidad hace alusión a una conocida frase que dice que tratemos a otros como queramos ser tratados.
Conclusiones
Los casos de evaluación carentes de estos cuatro valores fundamentales no son exclusivos de países extranjeros, por el contrario en nuestro país se presentan de forma velada, un ejemplo de ello son las evaluaciones que se realizan con fines de acreditación por pares académicos, en ocasiones se cae en acciones que atentan contra la confiabilidad y la veracidad de la información, por ejemplo el reforzar los núcleos básico de docentes con personal altamente calificado, para cumplir con los criterios mínimos establecidos por los organismos acreditadores, la elaboración de evidencias sobre algunos procesos que no se realizan de forma adecuada, entre otros.
Por esta razón es importante que desde los niveles de formación básica, se construya y aprehenda en los grupos un código de ética que contribuya posteriormente a una práctica profesional honesta, comprensiva, donde tanto investigadores como evaluadores permitan la libertad de opinión y de expresión y no asuman la posición de jueces.
BIBLIOGRAFIA
Arana M. y Batista N. (s/f). La educación en Valores: una propuesta pedagógica para la formación profesional. Organización de Estados Iberoamericanos. Recuperado el 16 de Octubre de 2010 de http://www.oei.es/salactsi/ispajae.htm
Benítez, A. (2009). La Educación en valores en el ámbito de la educación superior. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación Volumen 7, Número 2. Recuperado el 15 de octubre de 2010 de http://redalyc.uaemex.mx/pdf/551/55111725007.pdf
House, E.R. (1994). Evaluación, ética y poder. Ediciones Morata. Recuperado el 8 de marzo de 2009 http://books.google.com.mx/books?hl=es&lr=&id=_lxZzsxQZPQC&oi=fnd&pg=PA227&dq=la+etica+del+evaluador&ots=Z78iI_KZZ7&sig=B6yENga5G8IjwTFxluAEuP-f480#v=onepage&q&f=false
Morín, E. (1999) “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”,
Correo de la UNESCO
UNESCO (1998). Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI: Visión y Acción y Marco de Acción Prioritario para el Cambio y el Desarrollo de la Educación Superior. Recuperado el 16 de Octubre de 2010 de http://www.unesco.org/education/educprog/wche/declaration_spa.htm
Soriano, Raúl, “Formación de investigadores educativos” Edit. Plaza y Valdés, México 1992
Este Blog, tiene como propósito compartir con los compañeros de la sede virtual, las experiencias de aprendizaje colectivas e individuales en el estudio de la Maestría en Comunicación y Tecnología Educativa del CECTE. Se exponenlos logros que se han alcanzado en cada una de las competencias y los retos que aún se deben superar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario